Por qué se debe suspender la solución vial Guayasamín.

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En octubre de este año, vamos a ser sede de Hábitat III, un evento mundial que ocurre cada 20 años y tiene como objetivo discutir el futuro de las ciudades. Esta discusión ya tiene un marco de referencia: los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) aprobados por todos los países miembros de las Naciones Unidas en 2015. El objetivo 11 establece que debemos crear ciudades seguras, inclusivas, sostenibles y resilientes. ¡Y todo esto lo debemos hacer en solo 15 años!

Tremendo reto. Y sus principales ejecutores somos las ciudades y sus habitantes. Los gobiernos locales, ejecutando políticas en esa línea. Y los ciudadanos, participando de esta creación y cambiando hábitos. En todo este proceso, la movilidad es uno de los principales ejes de cambio.

Nos hemos acostumbrado a pensar que los vehículos particulares son la respuesta más eficiente a nuestra necesidad de movilizarnos. Y es un sueño de muchos comprar un auto y creer que esto nos va a arreglar un poco más la vida. Pero imaginemos un momento que todas las personas en edad de manejar en Quito tuviéramos auto: ¡un caos total!

Por ello, las tendencias mundiales cada vez avanzan más hacia dejar de construir más vías para autos y buscar soluciones de transporte público eficiente, cómodo, seguro y digno. En el caso de Quito, es absolutamente necesario que se dé una respuesta a la movilidad de los miles de ciudadanos que viven tanto en la zona de los valles de Tumbaco, Cumbayá y otros, como en el valle de Los Chillos. Pero las respuestas ya no están en construir más vías que incentivan a usar y comprar más vehículos y que, por tanto, en pocos años estarán nuevamente saturadas de tráfico.

En el caso particular de la Solución Vial Guayasamín, después de haber leído y escuchado a muchos ciudadanos y expertos que estaban expresando su descontento y sus dudas frente a la construcción de este proyecto y, luego de conocerlo en su lanzamiento al que asistí (y no me da vergüenza decirlo), en la sesión de Concejo Metropolitano en que fue presentado, mis dudas crecieron e inicié un proceso de fiscalización.

La obra fue aprobada en el Directorio de la Empresa Pública Metropolitana de Movilidad y Obras Públicas (EPMMOP) y será ejecutada por la empresa pública China Road and Bridge Corporation. Es un proyecto de 131 millones de dólares que será pagado con el 90% de los recursos del peaje a través de una concesión a esta empresa china por 30 años.

Las dudas se encontraban en función de si ésta es la mejor manera de resolver el problema de fondo: cómo los quiteños que viven en los valles se movilizan diariamente al centro de la ciudad. Revisando los informes técnicos preliminares, encontramos que el informe de la empresa pública China Bridge and Road Corporation señalan que, con el crecimiento del parque vehicular en Quito y el incremento del tráfico en una zona ya congestionada, la Solución Vial Guayasamín se saturaría de tráfico en 2021, a sólo dos años de inaugurada; en el mejor de los casos, en 2024.

Adicionalmente, encontramos que los informes técnicos que realizan las diferentes secretarías del municipio no analizan el impacto que la obra tendría en el futuro de la ciudad. No hay un análisis de alternativas. No podemos, por tanto, conocer a ciencia cierta si ésta es la mejor. No se analiza la afectación a los moradores de alrededor del parque La Carolina y la Diego de Almagro, donde se construirían intercambiadores. No se analiza el tráfico que se creará al final de los intercambiadores planificados y que, por ejemplo, moverían los puntos de congestión, afectarían a la estación de metro que se está construyendo y a cómo los quiteños interactuamos con el parque La Carolina.

No se ha estudiado la afectación a las que viven, muchas de ellas por décadas, en el barrio Bolaños. Los estudios técnicos no hacen una sola referencia al impacto social de la Solución Vial Guayasamín sobre estas familias y cómo mitigarlos. Es como si no existieran. Es fundamental que establezcamos relaciones y soluciones humanas con los afectados por obras que emprende la ciudad.

Finalmente, se requiere un ejercicio de transparencia de las empresas públicas municipales pues aún no se ha entregado toda la información que tanto la ciudadanía como algunos concejales hemos demandado. Especialmente las actas de Directorio de la empresa donde se aprueba la construcción de la Solución Vial Guayasamín  y toda la información que sustentó esta decisión.

Por todas estas razones nos sumamos a los clamores ciudadanos para que se suspenda la construcción de esta obra, se transparente la información y se abra un verdadero diálogo ciudadano de alternativas integrales y sostenibles. Éste es un debate que debemos tener en la ciudad pues nos plantea un modelo de desarrollo y una forma de gobernar y tomar decisiones.

No podemos gastar 131 millones de dólares de nuestros recursos para una solución que durará pocos años, que moverá los puntos de congestión a otras partes de la ciudad, que afectará a la calidad de vida de los quiteños y que nos obligará a volver a gastar millones de dólares en pocos años para resolver el mismo problema. Hemos convocado mesas de trabajo para que todos construyamos alternativas integrales, creemos que es una gran oportunidad para profundizar la participación ciudadana y crear una visión compartida de la ciudad.

*Para descargarte los documentos  ingresa al siguiente link: http://bit.ly/2ajBPLq

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¿Por qué la rehabilitación del “Parque de las Tripas” puede ser una oportunidad para una ciudad más incluyente?

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La mayoría de quiteños hemos pasado alguna vez por el Parque José Gabriel Navarro, aunque lo conocemos más como el Parque de Las Tripas. Este parque se encuentra ubicado en el relleno de la quebrada Anglo French que unió a los barrios de La Vicentina y La Floresta [1] y que ahora es uno de los principales puntos de acceso de los valles al hipercentro de la ciudad de Quito.

Para miles de quiteños este parque es un paso obligado y para otros miles es un destino preferido. Rodeado de dos barrios emblemáticos que carecen de espacios públicos de calidad cercanos, rodeado de cinco universidades prestigiosas de la ciudad y cerca de la zona de mayor concentración de hoteles, restaurantes y centros de entretenimiento, este parque parece ser una especie de corazón de la ciudad. Y a pesar de ello, es uno de los espacios públicos más descuidados.

Siendo una fiel consumidora de comida típica callejera, herencia de mi padre, había ido en varias ocasiones a comer las famosas tripas. De hecho, cuando regresé de mi paso de tres años por los Estados Unidos, donde estudié mi maestría y trabajé un poco, una de mis primeras peticiones fue ir a comer tripas. Entonces, y luego como Concejal electa y Vicealcaldesa nombrada por el Concejo Metropolitano, me pregunté por qué administraciones anteriores no habían hecho algo para mejorar este espacio público tan emblemático.

Al poco tiempo comprendí las razones: así como el parque con la presencia de la venta de comidas tiene defensores, también tiene detractores. Las primeras reuniones que mantuve con los actores sociales que conviven alrededor del Parque Navarro me demostraron claramente el conflicto social, económico y político de un proceso de rehabilitación de este espacio. En los archivos del Municipio, encontramos una serie de diseños, planes, programas, pero ninguno de ellos se había realizado.

Rápidamente entendimos que no era posible sacar alguno de esos proyectos de la bodega donde se encontraban, sino iniciar uno nuevo, con información que permita entender la problemática, los conflictos y tener respaldos sobre las diferentes aseveraciones que realizaban los actores. Y hacerlo con la participación de todos ellos.

Desarrollar una metodología pertinente y efectiva para sustentar procesos de mejoramiento y rehabilitación de los espacios públicos, requiere de planteamientos iniciales que permitan trazar la ruta para alcanzar los objetivos y metas propuestas en el mejoramiento del espacio.  El incluir actores de la sociedad civil estratégicamente en cada uno de los momentos del plan, hace de este camino un contexto particular en el desarrollo de la infraestructura para una ciudad. Además de ser parte de una convicción democrática del quehacer de la ciudad.

Uno de los planteamientos iniciales es la noción reflexiva sobre el espacio público. Para Jan Gehl, arquitecto y diseñador urbano danés:
“el espacio público se convirtió desde el pasado hasta nuestros días en un espacio importante en el que la gente conoce a otras personas. Así que el espacio público siempre ha tenido tres funciones tradicionales: el lugar de reunión de las personas, el lugar del mercado en el cual puedes intercambiar servicios y productos, y el espacio de conexión; ya que para llegar de un lugar a otro requieres un espacio de conexión, y el espacio público también sirve para estos propósitos”[2]

En Quito, al igual que muchas otras ciudades que adoptaron el modelo del automóvil para su desarrollo, los espacios públicos dejaron de cumplir estas funciones y se volvieron espacios de exclusión y de conflicto. La recuperación de esta noción de espacio público como generador de convivencia ciudadana, de profundización democrática es fundamental en el contexto socio político local y debe ser la guía para el accionar institucional municipal.

No debe sorprenderlos, estimados lectores, que en este parque exista una fuerte lucha socio económica que muestra al rojo vivo las costuras de una sociedad dividida y excluyente. Algunos de los detractores manifestaron públicamente su incomodidad por tener que compartir espacios de diálogo y negociación con las vendedoras de comida típica, consideradas de una clase socio económica inferior.

De allí que la noción inclusiva de espacio público se volvió aún más crítica. Pero no una noción cualquiera, sino una que incorpora una visión integral de las intervenciones en espacios públicos. Cualquier intervención pública debe tener un trasfondo que le de contenido, sentido y que responda a criterios que van más allá de la estética.

Respecto de esta noción inclusiva de los espacios públicos, hemos tomado de la teoría de Placemaking, de hecho, tuvimos la oportunidad de traer a los expertos de Placemaking para un taller en Quito con los funcionarios municipales de espacio público, planificación, urbanismo, salud, cultura y movilidad, entre otros.

De acuerdo al Placemaking, los espacios públicos exitosos son aquellos donde intercambios sociales y económicos existen, donde los amigos se encuentran y las culturas se mezclan. Son los igualadores sociales por excelencia, y cuando funcionan, se vuelven el escenario de nuestra convivencia ciudadana. De la evaluación de miles de espacios públicos que la organización Project for Public Spaces realizó, encontró que para que un espacio público funcione se requieren cuatro cualidades: accesibilidad, variedad de actividades, confort y buena imagen, y, sociabilidad.[3]

Es fundamental hacer una breve explicación de cada una de estas cualidades. La accesibilidad no sólo se refiere a que el espacio pueda ser utilizado por grupos de atención prioritaria, sino que sea fácil llegar, es decir que exista transporte público y que sea fácil caminar alrededor y dentro del espacio público. El confort y buena imagen se refieren a que el espacio sea decente, ello incluye percepciones de seguridad, limpieza y mobiliario para sentarse. La variedad de actividades es uno de los componentes básicos de un exitoso espacio público y es tan simple como que las personas tengan una razón para visitar el espacio y regresar. A mayor cantidad de actividades que las personas de diferentes edades puedan realizar, mayor éxito del espacio y mejor aún que las diferentes actividades puedan realizarse durante todo el transcurso del día.

El último requisito es la sociabilidad, uno de los requisitos más difíciles de lograr pero una vez que se cumple, puede convertirse en una identidad. Cuando en un espacio público encontramos a nuestros amigos, conocemos gente de diversos caminos de la vida sin que ello cause miedo o ansiedad, llevamos a la gente que nos visita, se fortalecen los lazos de convivencia ciudadana, de pertenencia a la ciudad y al espacio que genera estas sensaciones. ¿La gente está sonriendo? ¿La gente utiliza el espacio regularmente y por decisión propia? ¿Hay gente de todas las edades, etnias y clases socio económicas?

Siendo la sociabilidad uno de los requisitos más difíciles de obtener, cuando un espacio público lo tiene hay que potenciarlo. Una de las cosas que más nos sorprendió es el alto nivel de reconocimiento que el Parque Navarro tiene en la ciudad, recibe visitantes de todas partes de la ciudad, de todas las edades y con una alta rotación. Realizamos una encuesta a los usuarios que acuden al parque para consumir las comidas típicas y encontramos los siguientes datos:[4]

  • El 58% de los consumidores está en la edad de 18 a 34.
  • El 43% de los consumidores son mujeres.
  • El 40% de los consumidores proviene de los barrios del norte y 23% del centro de la ciudad. El 20% del sur. El resto de los valles.
  • Más del 70% de consumidores tiene una frecuencia mensual de visita de 1 a 3 veces.

Esta perspectiva moderna en el planeamiento urbano permite incorporar una serie de elementos propios otorgándole a la metodología mayor sostenimiento técnico como:
“un enfoque multifacético para la planificación, diseño y gestión de los espacios públicos. En pocas palabras, se trata de mirar, escuchar y hacer preguntas a las personas que viven, trabajan y juegan en un espacio determinado, para descubrir sus necesidades y aspiraciones” [5]

Otro de los planteamientos fundamentales fue la consideración del Plan Metropolitano de Desarrollo y Ordenamiento Territorial 2015 – 2025 como  una herramienta técnica para planificación estratégica y el ordenamiento territorial.[6] Dicho instrumento plantea integrar la planificación física y socioeconómica a programas y proyectos factibles en donde todos los actores del distrito se sientan involucrados y corresponsables en el cambio hacia una ciudad de oportunidades, solidaria e inteligente. En esa medida la corresponsabilidad e inclusión son dos de una serie de valores previstos para el desarrollo de herramientas y técnicas inclusivas y democráticas. Es decir que los ciudadanos y organizaciones vinculadas a procesos de rehabilitación participen en la toma de decisiones sobre la ciudad y sus espacios.

Además, el Plan Metropolitano de Ordenamiento y Desarrollo Territorial 2015 – 2025 nos permite categorizar al espacio público desde diferentes escalas a fin de determinar el rol que juega cada espacio, no sólo en un barrio, sino en la ciudad. El caso del Parque José Gabriel Navarro es particular al ser un espacio público de escala local, tiene como fin la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos de sus proximidades La Vicentina y La Floresta. Pero también es un espacio de escala zonal; es decir, un equipamiento que favorece la creación o fortalecimiento del tejido urbano y que responde a una sub-centralidad urbana. Es un nodo de conexión de acceso desde los valles hacia el hipercentro de la ciudad. Esta doble calidad de este espacio público debe ser conjugada con los diferentes actores que ya no sólo son los moradores próximos o las vendedoras de comida típica, sino los quiteños que transitan, utilizan e identifican a este parque como un sitio de encuentro.

Antes de iniciar cualquier proceso de rehabilitación del parque Navarro, era preciso que cada entidad municipal relacionada con los elementos que componen a este parque realice un diagnóstico que de cuenta de las diferentes lecturas y situaciones de la realidad institucional y local donde se implementa el proceso.

El diagnóstico institucional permitió reafirmar el planteamiento de la necesidad de un parque multiuso y de fortalecer las características de espacio de encuentro y de identidad quiteña. La Secretaría de Territorio, Hábitat y Vivienda, dio cuenta del conflicto latente en el sector por la presencia desordenada de la venta de platos típicos en el parque que ha generado congestión por los comensales que se acercan a la zona con sus vehículos. Sin embargo, recomendó estudiar con detenimiento la reubicación del comercio de comida dada la imagen identificativa del espacio. Surgió entonces la necesidad de reorganizar este comercio con mayor control y mejores condiciones. Además, se ratificó en la necesidad de dotar a la zona de áreas verdes por el alto déficit. [7]

En lo que se refiere a seguridad, si bien de acuerdo a la encuesta de victimización y percepción de inseguridad en el Distrito Metropolitano de Quito de los años 2011 y 2013 se refleja que en los barrios La Floresta y La Vicentina la percepción de inseguridad ha tenido un ligero incremento de baja percepción de inseguridad a media baja percepción de inseguridad; no existen datos que relacionen la existencia de un parque lleno de personas, con un incremento en los robos a domicilios, personas o locales comerciales. [8]

La historia del parque, su creación, su nombre y la presencia de comidas también era un factor a analizar. De acuerdo a los datos presentados por la Agencia de Comercio del Municipio de Quito, la asociación de vendedoras de comida típica inició sus actividades en los años 70 en el redondel de la Madrid y Ladrón de Guevara. Vivieron varias reubicaciones hasta que en el año de 1993 se asentaron en el Parque Navarro y desde el año 1997 el Municipio les otorga permisos anuales por la ocupación del espacio público. Esta presencia por tanto tiempo no puede ser vista únicamente como un intercambio comercial, sino también como parte de la comunidad del barrio y del imaginario quiteño. [9]

La movilidad es uno de los factores clave para el éxito del proceso de rehabilitación. No se puede desconocer el impacto del parque como un nodo de conexión entre los valles y el hipercentro de la ciudad, así como la llegada de comensales en vehículos. Y cualquier solución debe tener un planteamiento de mediano a largo plazo donde se reduce el tránsito vehicular por contar la ciudad con otros accesos, así como la priorización de la utilización de transporte público y/o medios no motorizados. El estudio de contadores de la Secretaría de Movilidad, determinó que la hora más conflictiva de tránsito en el sector es de 08h00 a 09h00. En la tarde de 16h00 a 17h00 también se evidencia conflictos pero en menor medida. [10]

Si bien el informe de movilidad considera que los conflictos de tránsito se podrían reducir reubicando las ventas de comida fuera del parque, los otros factores analizados en los diferentes informes y la visión de un espacio público de identidad cultural y mezcla social prevalecieron en el análisis de la permanencia de las ventas. Además, se prevé que las diferentes medidas adoptadas para el corto y largo plazo por esta administración municipal servirán para mitigar el flujo vehicular y la contaminación ambiental provocada por los vehículos que transitan el sector. El mismo estudio recomienda el control de la prohibición de estacionar alrededor del parque y la implementación de medidas de seguridad para el acceso peatonal.

De acuerdo a las inspecciones realizadas por la Secretaría de Salud, se determinó que el 87.5% de las vendedoras de comida cumple con los estándares de salubridad.[11] Sin perjuicio de ello recomienda que el mobiliario debe cumplir con las siguientes características:

  • Agua Potable/ agua segura corriente (Bidones)
  • Utensillos de acero inoxidable
  • Vajilla (platos y cubiertos desechables)
  • Basureros
  • Alimentos con protección adecuada (tapas)
  • Temperatura recomendada (de acuerdo a cada alimento)
  • Ubicación lejos de animales
  • Ubicación lejos de la humedad, basurales u otros factores de contaminación
  • Paños desechables para limpieza de mobiliario

También existía la percepción, por parte de los moradores próximos, de que las comidas generan suciedad y presencia de ratas y otras plagas. De acuerdo al informe realizado por la Secretaría de Salud dentro de la inspección in situ realizada “no se encontró madrigueras, excrementos, olores, ni presencia de heces fecales, ni presencia de roedores…” La Secretaría de Salud contrata continuamente el servicio de desratización y desinsectación en el parque. La inspección realizada por la Secretaría de Salud, a través de Urbanimal, recomienda que se adopten las siguientes acciones dentro del parque:

  • Mejorar el manejo de recolección de residuos alimenticios, implementando estructuras adecuadas para su recolección.
  • Mantener un seguimiento y control para la fauna nociva presente en el sector.
  • Mejorar las estructuras de aceras y bordillos para evitar cualquier presencia de madrigueras.
  • Colocación de señalética apropiada para todo el sector, para que esto se convierte en un espacio público de buenas prácticas ciudadanas.

Es necesario precisar que estas medidas están siendo aplicadas en la actualidad, en atención a estas recomendaciones dentro del proceso intervención en el parque. [12]

Respecto al ambiente y la calidad del aire del sector, el Municipio ha desarrollado monitoreo del aire desde hace varios meses, lo que ha posibilitado el contar con datos específicos sobre el tipo de contaminación. Cabe precisar que, la percepción ciudadana apuntaba a que un gran porcentaje de contaminación provenía por los alimentos y las parrillas que se preparan en el sector de las comidas, sin embargo el informe técnico muestra que ésta proviene del flujo vehicular y la contaminación de nitrógeno que posee el aire. Dentro del proyecto se considera la disminución de la contaminación ambiental a través de las medidas de priorización del transporte público en toda la ciudad así como otras medidas viales que ha emprendido la Alcaldía que buscan descongestionar el sector del parque y el uso de la Av. De Los Conquistadores como vía de paso entre los valles y el hipercentro de la ciudad.[13]

Otro de los puntos necesarios era que la administración municipal obtenga información sobre la percepción del espacio tanto de los moradores y comerciantes del sector así como de los usuarios, a fin de determinar la extensión del conflicto social surgido por la presencia de las vendedoras de comida típica. El Municipio de Quito, a través de la Dirección de Servicios Ciudadanos realizó una encuesta, cuya muestra fue calculada a partir del universo de ciudadanos que viven y trabajan en el sector, con un 95% de nivel de confianza y 4,9% de error muestral. El polígono fue determinado por un estudio basado en la proximidad al parque de cinco minutos de desplazamiento caminando. Se realizaron 389 encuestas a 292 residentes y comerciantes y 97 a población flotante del parque. Las encuestas fueron realizadas en julio del 2015 entre las 8h00 y 18h00.[14]

Dentro de los principales resultados se encontró que lo primero que piensa más de la mitad de los encuestados al mencionar el parque es la comida (54%) y que el 44% acude al parque por la comida. Sin embargo de ello, el 68% considera que el espacio no es atractivo, el 53% no cree que sea seguro, el 59% está insatisfecho con la limpieza, el 66% cree que hay mucho tráfico y casi la mitad de los encuestados se encuentra insatisfecho con la presencia de las vendedoras en el parque. A pesar de estas características negativas, el 79% cree que es un espacio tradicional. Entre aquellos que respondieron que consideran a este parque como tradicional por las comidas (59%) y la identidad que genera (36%).

El segundo estudio cuantitativo de percepción del estado actual del parque José Gabriel Navarro dentro del segmento de consumidores, al que hicimos referencia anteriormente para determinar la sociabilidad de este parque, se realizó a 686 usuarios, de 8h00 a 22h00 en noviembre de 2015. Entre los resultados se encontró que los visitantes del parque vienen de todas partes de la ciudad (40% norte, 23% centro, 20% sur), que el 72% de los visitantes lo hacen de 1 a 3 veces al mes y que la principal forma de llegar es mediante vehículo particular (67%).[15]

“A través de un sondeo realizado a 789 personas en la página web de diario El Comercio, se pudo evidenciar que la mayoría no está de acuerdo con que las tripas salgan de este parque. 586 usuarios afirmaron que estos puestos deberían contar con una nueva infraestructura, 170 expresaron que deben salir del parque y solo 23 eligieron la opción de “mantener las condiciones actuales”.[16]

Con toda esta información, en diciembre de 2015, el Municipio de Quito realizó un taller de diseño participativo con la presencia de moradores, usuarios y comerciantes del sector.[17] Los resultados del taller mostraron consensos respecto de la necesidad de arborizar el espacio, mejorar el mobiliario incluyendo actividades para todas las edades, caminerías, bicicleta pública e infraestructura para actos culturales. Sobre lo que no hubo consenso fue la presencia de las comidas típicas, encontrando una polarización casi al 50%.[18]

El disenso sobre la presencia o no de las vendedoras de comida típica no ha permitido que, a pesar de las características urbanas, de identidad y de convivencia social de este espacio público, se haya podido mejorar su infraestructura y potenciado sus particularidades en más de dos décadas. Y si bien el disenso nunca ha sido ignorado, no puede ser el único factor que determine la intervención en un parque que tiene el potencial de profundizar lazos de identidad y convivencia social diversa.

Por tanto, la rehabilitación integral o una regeneración del Parque Navarro se ha realizado tomando en cuenta el diseño participativo así como su replanteamiento urbano, bajo las características discutidas en este documento, que incluyen lo siguiente:[19]

  • Otorgar un espacio verde y de recreación de calidad a los moradores de la zona;
  • Reforzar el concepto de espacios públicos exitosos donde se cumplen las características de accesibilidad, variedad de actividades, confort y buena imagen, y, sociabilidad.
  • Generar un espacio de convivencia entre los diferentes actores de la zona y de la ciudad y convertir al parque Navarro en un espacio público deseable, amigable al ciudadano y un sitio de identidad quiteña.
  • Mejorar la movilidad alrededor del parque a través de la pacificación de las vías, la gestión del tráfico de la zona, el mejoramiento de las veredas, reforzar los cruces peatonales para proveer mayor seguridad a los peatones y convertir a esta zona mucho más caminable.
  • Respecto a la presencia de ventas de comida típica, el análisis presentado respalda a este proceso comercial como eje indispensable de la economía de la zona y si fueran movidas afectaría severamente a los locales que se han generado gracias al gran flujo de personas que sus negocios traen. La presencia de personas incrementa los niveles de seguridad.
  • Reordenar y controlar las ventas de comida típica e incrementar estándares de funcionamiento. El uso de un apropiado mobiliario reducirá el espacio que utilizan y priorizará el uso de parque hacia el resto de actividades que la comunidad demanda. Estos mobiliarios deberán contar con un sistema de recolección de residuos y agua corriente, además de sistemas para canalizar humo y olores. Asimismo, se aplicará la normativa de regalías por el uso del espacio público. De esta manera se previene la contaminación en el aire de los vecinos, que además constarían con una revisión periódica de que estos pequeños puestos estén funcionando con los más altos estándares de sanidad y limpieza.

Finalmente, es preciso mencionar algunas de las recomendaciones para que la intervención que se está realizando en este emblemático parque, sea sostenible y exitosa con el pasar del tiempo:

  • Formalizar la suscripción de un convenio para el uso del espacio público con la Asociación de Vendedoras Santa Marianita de Jesús – La Floresta, en el cual se determine corresponsabilidades sobre el cuidado del parque y el uso compartido para la venta de comida y las áreas recreativas.
  • Capacitaciones e inspecciones periódicas y coordinadas sobre temas de sanidad y salubridad alimentaria con las vendedoras de comida típica.
  • Aplicación sistemática de la Ordenanza 280 por parte de la Agencia de Control Distrital de Comercio con las vendedoras de comida típica.
  • Inclusión del parque José Gabriel Navarro a la red de cultura generada desde la Secretaría de Cultura del Municipio del Distrito Metropolitano de Quito.
  • Inclusión del parque José Gabriel Navarro, como un atractivo de obligatoria visita por su configuración morfológica, social, cultural y gastronómica en las promociones desarrolladas por Quito Turismo.
  • Control permanente y sistemático de la Agencia Metropolitana de Tránsito sobre la utilización del espacio público y las zonas de estacionamiento permitidos.
  • Y por último, desarrollar mecanismos permanentes de evaluación y seguimiento a cada una de las acciones y procedimientos en el nuevo devenir del parque José Gabriel Navarro.

En este LINK encontrarán adjuntos todos los documentos citados en este texto:
https://drive.google.com/open?id=0B6B7fjYoM069UmZZNTU0Q2IyaXM

BIBLIOGRAFÍA

INFORMES TÉCNICOS
1.  (Anexo 2: Ortiz, Alfonso. (2015). Apuntes sobre el barrio de la Vicentina. Informe inédito. Cronista de la ciudad)
2. Cardona, Lorena. (2014). Socialización en el espacio público: Jan Gehl Parte 1. http://disonante.mx/entrevista-con-el-arquitecto-jan-gehl/.
3.  Project for Públic Spaces. (SF). What Makes a Successful Place. http://www.pps.org/reference/grplacefeat/.
4.  (Anexo 6: Flores, Carlos. (2015). Estudios de percepción de satisfacción del estado actual del Parque José Gabriel Navarro. Informe inédito. Servicios Ciudadanos).
5.  Barrientos, Natalia. (2012). ¿Qué es el Placemaking?. http://www.plataformaurbana.cl/archive/2012/05/02/%C2%BFque-es-el-placemaking/
6.  Ordenanza 0041, Plan Metropolitano de Desarrollo y Ordenamiento Territorial 2015 – 2025, sancionado el 22 de febrero de 2015. Publicado en la edición especial del Registro Oficial  No. 420ª, TOMO I, II, III, del 22 de diciembre de 2015.
7.  (Anexo 3: Barros, Luis. (2015). Informe técnico parque José Gabriel Navarro. Informe inédito. Secretaría de Territorio Hábitat y Vivienda.)
8.  (Anexo 11: Campos, Max. (2015). Informe parque José Navarro. Informe inédito. Secretaría General de Seguridad y Gobernabilidad)
9.  (Anexo 8: Murillo, Marco. (2015). Informe Caso parque Navarro. Informe inédito. Agencia de Coordinación Distrital de Control De Comercio).
10.  (Anexo 4: Tapia, Darío. (2015). Informe Técnico Reordenamiento del tránsito, en las calles que rodean al parque José Gabriel Navarro. Informe inédito. Secretaría de Movilidad)
11.  (Anexo 9: Roldós, María Isabel. (2015). Informe técnico de interpretación de resultados microbiológicos de las muestras de alimentos recolectadas y procesadas provenientes del comercio autónomo del parque Navarro. Informe inédito. Secretaría de Salud)
12.  (Anexo 10: Roldós, María Isabel. (2015). Informe técnico de inspección del parque José Gabriel Navarro. Informe inédito. Secretaría de Salud)
13.  (Anexo 13: Lugo, Liliana. (2016). Informe técnico monitoreo de calidad del aire en el parque Navarro en la Vicentina. Informe inédito. Secretaría de Ambiente)
14.  (Anexo 6: Flores, Carlos. (2015). Estudios de percepción de satisfacción del estado actual del Parque José Gabriel Navarro. Informe inédito. Servicios Ciudadanos).
15.  (Anexo 6: Flores, Carlos. (2015). Estudios de percepción de satisfacción del estado actual del Parque José Gabriel Navarro. Informe inédito. Servicios Ciudadanos).
16.  Alarcón, Isabel. (4 de enero de 2016). 586 de 789 ciudadanos piden infraestructura en el “Parque de las Tripas”. Diario El Comercio. http://www.elcomercio.com/actualidad/quito-ciudadanos-infraestructura-parque-tripas.html.
17. (Anexo 15: Convocatoria y registro de asistencia ciudadana a) Taller de Diseño Participativo  con ciudadanos, b. Taller de Diseño Participativo con Asociación de vendedoras Santa Marianita de Jesús – La Floresta y c) Presentación del Proyecto de Rehabilitación parque Navarro)
18.  (Anexo 16: Larrea, Alejandro. Resultados de Asambleas, diseño participativo y entrega de resultados. Diseño del parque Navarro, Unidad Espacio Público de la Empresa Pública Metropolitana de Movilidad y Obras Públicas)
19.  (Anexo 5: Donoso, Juan Diego. (2015) Informe Técnico sobre estado actual del parque Navarro. Informe inédito. Mecánica Urbana)

PÁGINAS WEB
Barrientos, Natalia. (2012). ¿Qué es el Placemaking?.  http://www.plataformaurbana.cl/archive/2012/05/02/%C2%BFque-es-el-placemaking/
Cardona, Lorena. (2014). Socialización en el espacio público: Jan Gehl Parte 1. http://disonante.mx/entrevista-con-el-arquitecto-jan-gehl/.
Project for Public Spaces. (S/F). What Makes a Successful Place.  http://www.pps.org/reference/grplacefeat/.

NORMATIVA
Ordenanza 0041, Plan Metropolitano de Desarrollo y Ordenamiento Territorial 2015 – 2025, sancionado el 22 de febrero de 2015. Publicado en la edición especial del Registro Oficial  No. 420ª, TOMO I, II, III, del 22 de diciembre de 2015.

ARTÍCULO DE PERIÓDICO IMPRESO
Alarcón, Isabel. (4 de enero de 2016). 586 de 789 ciudadanos piden infraestructura en el “Parque de las Tripas”. Diario El Comercio. http://www.elcomercio.com/actualidad/quito-ciudadanos-infraestructura-parque-tripas.html.

CONVOCATORIA Y REGISTRO
Convocatoria y registro de asistencia ciudadana al Taller de Diseño Participativo con ciudadanos (2015).

Guápulo: Poniendo la participación ciudadana en práctica.

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Una de las experiencias más gratificantes que he tenido hasta ahora en la función pública, ha sido trabajar con los barrios de Quito. Hoy les quiero contar la gran enseñanza y satisfacción que nos deja Guápulo.

Hace aproximadamente un año, el cabildo recién electo nos planteó que encontráramos una solución a un problema de décadas. El barrio se había convertido en una vía de paso de los vehículos que, por la poca planificación del crecimiento de la ciudad a los valles de Cumbayá y Tumbaco, no contaba con alternativas. Esto necesariamente implicaba que un barrio residencial, turístico y patrimonial se encontrara sujeto a altos niveles de contaminación, inseguridad y reducción de la calidad de vida.

¡Tremendo reto! ¿Cómo atender un pedido racional y sensible a la vez? ¿Cómo hacerlo de manera consensuada? ¿Qué elementos de juicio se debían considerar para tomar una decisión?

Una de las primeras decisiones importantes fue poner atención al pedido y no descartarlo por el simple hecho de que cualquier resolución iba a tener un grupo de perjudicados. La otra fue plantear al barrio la necesidad de entender que vivimos en una ciudad y que las decisiones no se pueden tomar únicamente en función de un interés particular, sino también, considerando a los demás actores y las afectaciones que estos puedan tener. Finalmente, comprender que cualquier intervención se debe realizar de manera integral y que el levantamiento de información de campo es fundamental para la toma de decisiones. Sin conocer la realidad de Guápulo, de su día a día, desde su propia gente, no hubiese sido posible trabajar objetiva ni integralmente.

Y así fue como iniciamos un largo proceso de diálogo y negociación. Con reuniones tensas entre la comunidad y las autoridades, pero también entre los miembros de la comunidad quienes debían tener una postura común. Y es por esto que siempre he reconocido y felicitado a los representantes de Guápulo, y a sus moradores, por su liderazgo y sensibilidad. Y también a los representantes de las diferentes entidades municipales que me acompañaron en este proceso porque se pusieron la camiseta de la participación ciudadana.

La participación ciudadana es compleja. Podría parecer que a los quiteños sólo nos gusta demandar y exigir pero poco nos interesa comprometernos o asumir obligaciones. Y por el otro lado, puede existir el temor de los funcionarios públicos de abrir la toma de decisiones a la ciudadanía, justamente por la dificultad que ello conlleva. Ahora, palpando esta realidad, estoy convencida de que los procesos que se realizan participativamente, con todos sus retos, son los más exitosos y sostenibles. La clave está en la voluntad política de todos y en encontrar los niveles de corresponsabilidad.

Y es por la conjunción de todos estos factores que podemos llamar a esta experiencia de Guápulo: un verdadero éxito. Se acordaron algunas restricciones vehiculares en la calle Caminos de Orellana donde tanto moradores como vehículos de paso deberán hacer un pequeño sacrificio. Estas restricciones serán debidamente comunicadas en los próximos meses a fin de que todos planifiquemos nuestros recorridos. Además se inició y ya se encuentran en ejecución obras para recuperar los espacios públicos (Paseo Escénico Rafael León Larrea, Mirador de Guápulo, Parque de la UPC, escalinatas, casa barrial) y obras para mejorar la calidad de las vías y las seguridad de los peatones en las mismas (Calle Compte, Av. Los Conquistadores, incorporación de aceras y semáforos). Estamos también trabajando en reciclaje y huertos urbanos. Finalmente, se harán intervenciones en la Iglesia y el parque central para cuidar el patrimonio y se potenciará el aspecto turístico y cultural del barrio.

Está claro que la solución de movilidad no es la que atiende a todos los pedidos del barrio, ni tampoco es una respuesta definitiva. Pero es la más factible dentro de una ciudad que está planificando y avanzando hacia mejorar sus servicios de transporte público y accesos viales; y que a la vez requiere atender las zonas que sufren deterioros por el crecimiento sin planificación.

La solidaridad de Guápulo también es digna de destacar. Este barrio, después de este trabajo conjunto con la comunidad, resolvió no acceder en el año 2016 a lo que les correspondía por presupuestos participativos y entregaron dichos recursos a otros sectores de la ciudad.

La participación ciudadana en el día a día, es absolutamente viable, pero se requiere entender su complejidad y comprometerse a ella. También se necesita un alto sentido de corresponsabilidad. Este es un gran ejemplo que podemos lograr en más barrios. Ésta es la ciudad que les invito a que construyamos juntos.

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Y EL CAMBIO CLIMÁTICO QUÉ?

PANORAMICA QUITO 7 LAC

¡Hola a todos! A los tiempos que vuelvo a mi blog, lamento haberlos abandonado unos meses, a veces quisiera tener más tiempo para esta tarea de escribir que tanto extraño.

Quiero contarles algo que ya sabemos pero que solemos olvidar o lo ignoramos para no tener más preocupaciones en nuestra ya problemática vida cotidiana. Los autos, buses y todo tipo de transporte motorizado, contaminan. Y no sólo contaminan nuestro aire al producir gases de efecto invernadero, sino que esos gases, también son cancerígenos.[1]

La semana pasada leí una noticia que lamentablemente pasó desapercibida. El gobierno de Rafael Correa anunció la extensión, hasta mayo de 2017, de la reducción del octanaje de la gasolina que aprobó en el 2014 a pretexto de la paralización de la Refinería de Esmeraldas.

Según la norma INEN, referente a la calidad de los combustibles, el octanaje de las gasolinas que se expenden en Ecuador debe ser de 87 octanos para la Extra y 92 para la Súper. Con la medida aprobada en 2014 y ahora extendida a mayo de 2017, la calidad baja en 2 octanos. Y si bien el Gobierno y expertos en automotores señalan que esta reducción no afectaría significativamente a los vehículos, yo considero que también debemos preguntarnos, ¿cuál es la calidad del aire que respiramos? ¿Estamos efectivamente cumpliendo con nuestras metas de país de reducir emisiones de dióxido de carbono para luchar contra el cambio climático?

Uno de los efectos de la baja de octanaje es la pérdida de potencia de los vehículos, es decir que los vehículos deben consumir más gasolina para rendir los mismos kilómetros recorridos. A mayor consumo de gasolina, mayor consumo de azufre, mayores emisiones al aire y por tanto mayor contaminación. Las matemáticas son simples.

Y no sólo la gasolina de menor calidad es un problema, el diésel también. La norma INEN a este respecto ha aprobado un diésel de hasta 500 ppm (partículas por millón de azufre) y en Quito estamos recibiendo diésel de alrededor de 250 ppm que si bien está por debajo de la norma, está muy lejos de lo óptimo que es 10 ppm. Por ejemplo, en ciudades donde la calidad de diésel es mayor, se pueden adquirir buses de tecnologías más limpias. En Quito, por la calidad del diésel sólo podemos adquirir buses de tecnología Euro 3 cuando ya existe la Euro 6.[2]

De acuerdo a la Secretaría de Ambiente del Municipio de Quito, la huella de carbono de nuestra capital es de 5,1 millones de toneladas de dióxido de carbono, siendo el sector del transporte el responsable del 56% de estas emisiones. Quito, además, está por encima del promedio de otras ciudades a nivel nacional.[3]

Recientemente, el Ecuador formó parte de la XXI Conferencia Internacional sobre el Cambio Climático donde se suscribió un acuerdo global (Acuerdo de Paris)[4] por el cual los Estados se comprometen a reducir sus emisiones de carbono lo antes posible y hacer todo lo posible para mantener el calentamiento global muy por debajo de 2 grados centígrados.

¿Cómo vamos a cumplir esta meta si en la bonanza más grande de nuestra historia no hicimos nada para garantizar una mejor calidad de gasolina y diésel? Aún seguimos importando combustibles y como ahora nos resulta tan caro, entonces extendemos la norma para bajar la calidad. Durante estos años se pudo haber sincerado el costo de los combustibles con una política de focalizar los subsidios y mejorar la calidad, paulatinamente, sin que implique un shock para los bolsillos de las familias ecuatorianas. Pero el populismo y la demagogia valen más que el aire que respiramos.

Las ciudades somos las principales responsables de las emisiones de gases de efecto invernadero, sin embargo contamos con muy pocas herramientas para cambiar lo que verdaderamente hará que contribuyamos a reducir el calentamiento global y cuidar nuestro hogar; la política de subsidio de los hidrocarburos. Los municipios debemos hacer nuestra parte, comprar buses de tecnologías más limpias, proteger y ampliar áreas de protección ecológica, regular el uso del suelo para evitar la expansión de la frontera urbana, entre otras. Pero quiero insistir, si el 56% de las emisiones provienen de los vehículos, es en la política de hidrocarburos donde está el asunto medular para lograr cambios reales y sustanciales.

Ahora que estamos en año electoral, las ciudades debemos alzar nuestra voz para exigir a los candidatos propuestas serias para enfrentar el cambio climático y para fortalecer a los gobiernos locales en su accionar. Quito debe liderar este debate.

Como Concejala y quiteña, quiero plantearles que como ciudad asumamos la responsabilidad de exigir posturas serias y medidas puntuales al gobierno actual y a quienes nos gobernarán a partir del 2017 para cuidar el aire que respiramos y el planeta que nos acogerá a ésta y futuras generaciones. Quedo a la espera de sus ideas, propuestas y comentarios.


  1. http://www.ugr.es/~fgarciac/pdf_color/tema10%20%5BModo%20de%20compatibilidad%5D.pdf, http://jnci.oxfordjournals.org/content/early/2012/03/05/jnci.djs034.abstract
  2. http://ec.europa.eu/growth/sectors/automotive/environment-protection/emissions/index_en.htm
  3. http://www.elcomercio.com/actualidad/quito-produce-millones-dioxido-carbono.html
  4. http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/12/151211_cumbre_clima_paris_cop21_acuerdo_az

Participación ciudadana, del clientelismo a la corresponsabilidad – Parte 2

 

Cuando iniciamos el proceso de creación de una nueva ordenanza de participación ciudadana y control social siempre creímos que hacerlo de manera participativa, si bien iba a ser más complejo y largo, era la única forma de crear normativa que responda a las necesidades reales de las personas, que pueda ser implementada y que no se quede en letra muerta como mucha de nuestra legislación.

Es así que una vez que el Concejo Metropolitano discutió el texto para primer debate de esta ordenanza, a inicios de noviembre, realizamos asambleas ciudadanas en todo el territorio del Distrito Metropolitano de Quito escuchando las propuestas de los ciudadanos sobre el texto. Es decir, una construcción verdaderamente participativa de la ordenanza. Los insumos planteados por la ciudadanía están siendo discutidos y analizados para su incorporación en el texto para segundo debate y aprobación por parte del Concejo Metropolitano.

La semana pasada terminamos las asambleas ciudadanas que realizamos en cada una de las administraciones zonales. Estuvimos en Quitumbe, en Eloy Alfaro, en el Centro Histórico, en Nanegalito, La Delicia, Calderón y Carapungo, Los Chillos, La Mariscal y Eugenio Espejo. Me alegró de sobremanera la acogida, pues en cada asamblea participaron entre 150 a 300 personas. Inclusive en varias asambleas los ciudadanos decidieron auto convocarse para seguir analizando la ordenanza y poder enviar más propuestas. Les soy sincera, no me hubiera imaginado que un proyecto de ordenanza podría tener tal acogida.

Me gustaría compartir con ustedes algunas reflexiones sobre esta experiencia de la construcción participativa de una ordenanza. Desde lo negativo, decir que dado el déficit de participación ciudadana que hemos tenido en la última década y la manipulación de este derecho ciudadano, existe desconfianza sobre lo que las autoridades planteamos. En varias asambleas, los ciudadanos no creían que estábamos discutiendo un texto de borrador y pensaban que habíamos acudido a ellos para “sociabilizar” un texto ya aprobado. Por otro lado, también sentimos falta de interés de discutir una ordenanza y mayor interés por tratar las necesidades puntuales de los barrios.

Sin perjuicio de estos aspectos negativos, el saldo fue positivo. Aprendí mucho de los ciudadanos y estas asambleas nos sirvieron para profundizar, incluir y mejorar algunos de los temas de la ordenanza. Por ejemplo, clarificar los procedimientos de presupuestos participativos y los mecanismos de cogestión para barrios en proceso de consolidación.  Es decir, que se tenga en cuenta las diferentes formas en que la comunidad puede contribuir a la gestión pública, no sólo con recursos económicos. Se sugirió, por ejemplo, especificar a la minga y al trabajo coordinado y conjunto con el sector de la economía popular y  solidaria y el sector privado e industrial. Que la construcción de la ciudad sea tripartita, comunidad, sector privado y municipio.

También surgió mucho el que el Municipio reconozca las diferentes formas de participación de los ciudadanos y a las organizaciones de hecho que merecen ser parte del debate sin necesidad de tener un registro legal. La participación ciudadana es un derecho fundamental y no debe tener cortapisas o requisitos que desincentiven a los ciudadanos a utilizar las herramientas que la ordenanza está planteando.

Encontramos mucha preocupación sobre cómo incentivar la participación de minorías, jóvenes, colectivos culturales, es decir, cómo romper con las viejas dirigencias que ya no representan a la ciudadanía. La capacitación en las competencias del municipio y en los procesos de aprobación de ordenanzas como factores fundamentales para elevar el debate ciudadano. Y finalmente, desde las parroquias rurales un llamado de atención para que la ordenanza no sea sólo pensada desde lo urbano, sino también desde la diversidad de la ruralidad.

La participación ciudadana es un gran reto. No es fácil lograr que cada vez haya más ciudadanos que se interesen por participar en la creación de ordenanzas o la toma de decisiones. Pero una vez que nos empoderemos de nuestro rol de ciudadanos y asumamos nuestra corresponsabilidad, estoy convencida que, ciudadanos y autoridades, podremos co-crear lo que soñamos para Quito. Mi compromiso con ustedes es que a pesar de las dificultades y los retos, siempre tendré a la participación ciudadana como un eje transversal de mi gestión. Es la manera de alejarnos del clientelismo y fomentar juntos una verdadera cultura de corresponsabilidad.

Participación ciudadana, del clientelismo a la corresponsabilidad.

Hace unos pocos días el Concejo Metropolitano conoció en primer debate un proyecto de ordenanza para regular la participación ciudadana en el distrito, proyecto que elaboramos en la Comisión de Participación Ciudadana y Gobierno Abierto del Municipio que tengo el gusto de presidir.

Cuando trabajaba en el plan de gobierno de la candidatura de Mauricio Rodas para Alcalde, siempre consideré a la participación ciudadana como un eje fundamental de la gestión, pues el creer en la democracia demanda encontrar las formas en que los ciudadanos interactúan más allá del voto y complementan de manera efectiva la administración pública. Sin embargo, llevar los planes a un texto de ordenanza y a la práctica siempre demandan más de lo que uno imagina. La participación ciudadana suena muy bien para el discurso, lo hemos vivido durante ya casi 9 años, pero su ejercicio es mucho más complejo que crear poderes del estado o “socializar” programas y proyectos.

Al iniciar el trabajo de la Comisión, hicimos más de una veintena de asambleas ciudadanas para construir un proyecto de ordenanza de manera participativa y encontré que el déficit de participación ciudadana y el debilitamiento de las organizaciones de la sociedad civil, que hemos vivido en los últimos años, ha tenido un fuerte impacto en nuestra sociedad. Los mecanismos de influir positivamente en la elaboración de políticas y normas, se han reducido a una confrontación entre las autoridades y los ciudadanos que poco o nada de información tienen, a una interacción clientelar de exigir prebendas a cambio de apoyo político o de evitar protestas, y a una ciudadanía que no conoce claramente sus derechos y obligaciones.

Con esta nueva ordenanza, que construimos en consenso con los diferentes bloques representados en el Concejo Metropolitano, aunque siempre me inquietó la presión del bloque de Alianza País por sacar la ordenanza cuando estuvieron en el gobierno municipal por 5 años y no lo hicieron, estamos buscando cambiar el ejercicio de la participación ciudadana. Queremos una ciudadanía activa, informada y corresponsable. Y esto de la corresponsabilidad es vital y considero la única forma de realmente darle sentido y profundidad a la tan degradada pero anhelada participación ciudadana.

Se plantean algunos cambios como definir cuáles son los roles de los ciudadanos frente al Municipio, es decir que el ciudadano conozca claramente cómo debe enfocar su participación en las diferentes instancias y cuáles son las expectativas al respecto. Se proponen tres roles: proponente o copartícipe; consultivo; y, vinculante. También se busca devolver a la sociedad civil su rol en las asambleas ciudadanas, que la representación no sea sólo en función del territorio, sino también de las diferentes organizaciones sociales. Se incluye finalmente la regulación para la implementación de la silla vacía, espacio en el cual los ciudadanos podrán tener un voto en las decisiones legislativas que tome el Concejo Metropolitano. Hemos incrementado el porcentaje de los presupuestos de inversión de las administraciones zonales para que sean los ciudadanos quienes decidan en qué se invierte en cada zona. Por último, se regulan las consultas previa, pre legislativa y ambiental y se fortalecen los mecanismos de control social a través de las veedurías ciudadanas.

Las autoridades tenemos la obligación de tomar nuestras decisiones en función de nuestros representados y de proveer a la ciudadanía de la información necesaria para que pueda participar efectivamente, pero los ciudadanos deben cumplir su parte.  Es responsabilidad de unos y otros el terminar de una buena vez con el clientelismo en la relación autoridad-ciudadanos e institucionalizar las relaciones de manera democrática. Considero que esta ordenanza es un buen paso hacia ello. Pero el papel es sólo eso, el reto está en el ejercicio de nuestros derechos y obligaciones.

Descargue aquí el Proyecto de Ordenanza del Sistema de Participación Ciudadana y Control Social.

Si perdemos el debate de la ciudad, perdemos la esencia de la política.

En las últimas semanas, el Concejo Metropolitano de Quito, del cual soy miembro, ha sido protagonista de hechos lamentables que nos obligan a cuestionarnos el rol que este cuerpo colegiado y sus miembros estamos cumpliendo.

Los concejos municipales son el principal espacio de discusión de los problemas que nos plantea la convivencia colectiva en las ciudades. Estos son el espacio para la reivindicación de la política y de su esencia. Recordemos que la palabra política viene del griego polis que es todo aquello relativo al ordenamiento de la ciudad o a los asuntos de los ciudadanos.

Durante muchos años hemos visto cómo el debate de los temas que importan a los ecuatorianos ha sido abandonado por la Asamblea Nacional y ello no puede permear a las ciudades. De allí que todos quienes hacemos los concejos municipales tenemos la responsabilidad, el deber, de no dejar que el debate de los asuntos de la ciudad se escape por la ventana de los intereses políticos partidistas o de los asuntos personales. Si perdemos el debate de la ciudad, perdemos la esencia de la política, perdemos la razón por la cual fuimos electos.

El Concejo Metropolitano es la máxima autoridad de la ciudad y es el espacio de representación de todos los quiteños, y así como Quito es diverso, el Concejo también lo es. Las diferencias, las formas distintas de pensar la ciudad son absolutamente necesarias para su construcción; pero ello, bajo ningún concepto implica que estas diferencias deban expresarse irrespetuosamente. Gritar, insultar y menospreciar las reglas del juego son todas formas de decadencia de la política.

Ha pasado más de un año desde que ejerzo un cargo de representación popular y no hay día que no me pregunte lo que verdaderamente implica el representar la voz, los deseos y los sueños de los quiteños, hayan o no votado por mí. Y de lo que estoy absolutamente segura es que esa responsabilidad que tenemos los políticos es más grande que cualquier otra razón. Por ello cada decisión que tomo, cada acción, intervención y el ejercicio de la palabra desde la curul, es pensada y ejercida desde la gran tarea que me han encomendado. Entonces la pregunta que nos debemos hacer diariamente es cómo llevamos la voz de nuestros representados al Concejo, cómo ciudadanizamos la política en lugar de denigrarla y alejarla cada vez más de los ciudadanos. La política nació en las ciudades y es nuestra responsabilidad reivindicarla, no hundirla.